Enero 08, 2006
Por MANNY FERNANDEZ
Yuki Endo tenía apenas 10 años cuando la ciudad de Nueva York lo atrapó. Su vida ahí podría haber sido solitaria después de que su madre lo llevó de Japón para allá a principios de 1996. Él nació con un raro trastorno de los cromosomas que lo dejó discapacitado y le dificulta hablar con claridad.
En la década que ha transcurrido, sin embargo, la ciudad lo ha acogido y se ha convertido en su mejor amiga. A través de una extraña combinación de suerte y su propia inagotable curiosidad, ha formado una especie de familia extendida entre bomberos, porteros, guardias de seguridad, maestros, bibliotecarios y tenderos que conoce en sus exploraciones cotidianas.
Está incansablemente absorto en los misterios y las minucias de Nueva York, por lo menos hasta las 7 p.m., cuando su madre lo quiere de vuelta en casa. Escribe poemas acerca de la Autoridad Metropolitana del Transporte, que tiene a su cargo el Metro y los autobuses de la ciudad, y memoriza los anuncios que dan los conductores de los trenes. Para entretener a los bomberos les canta en sus estaciones, sin acompañamiento musical, porque le gusta hacerlo. Su primer hogar es un departamento en el Upper East Side; el segundo es el Museo Metropolitano de Arte. Ha pasado tantas tardes ahí que los guardias de seguridad lo saludan de nombre cuando lo ven. Les dice qué líneas del Metro evitar debido a los cambios de servicio de los fines de semana, que monitorea religiosamente.
"Quiero asegurarme de que no lleguen tarde al museo", explicó Yuki, ahora de 20 años.
En el Nueva York de Yuki, todas las filas uniformadas de bomberos, guardias de seguridad y porteros saben su nombre.
"Un alma buena de paso", dijo el portero Tom Flynn acerca de Yuki. Flynn, de 43 años, trabaja en un edificio elegante en Park Avenue y conoce a Yuki desde hace años. Lo conoció igual que los bomberos y otras personas, cuando Yuki simplemente se detuvo para presentarse y saludar.
Muchos de los trabajadores de quienes Yuki se ha hecho amigo lo consideran un hermano menor adoptivo. Aunque algunos batallan para entender todo lo que dice, le dan algo que le ofrecen a pocas personas en medio de sus días laborales: su tiempo.
Flynn y otros porteros del Upper East Side han revisado la tarea escolar de Yuki dentro de los vestíbulos de sus edificios. Unos bomberos lo invitaron a su fiesta decembrina anual. Una noche hace varios años, tres chicos persiguieron a Yuki por una calle con la intención de robarle su dinero. Él corrió hacia un guardia de seguridad que conocía en un edificio de departamentos y se ocultó detrás de él. El fornido guardia volteó hacia los chicos que lo perseguían y dijo sin rodeos, "él está conmigo".
Yuki tiene cabello negro despeinado y mide alrededor de 1.50 metros. Pese a que tiene 20 años, es más un chico que un hombre. Lee libros para niños y ve películas infantiles y escribe sus propios cuentos extravagantes.
Para Yuki es más fácil escribir sus pensamientos que decirlos. Tiene una anormalidad genética. En su caso, carece de una pequeña porción del cromosoma 18. Una anormalidad así puede llevar a una variedad de discapacidades físicas y mentales, algunas más severas que otras.
Yuki no se considera discapacitado. Su madre, Yoko Endo, dijo que los doctores en Japón le dijeron que Yuki nunca aprendería inglés si lo llevaba a Estados Unidos. Está orgullosa de él por haber demostrado que estaban equivocados. "Sé que no será completamente como nosotros, en cosas como estatura o mentalidad", comentó Endo, de 44 años. "Pero para mi, esto es todo, afortunadamente. Podría estar peor, pero esto es todo".
Endo vive con Yuki en un departamento de dos recámaras que comparten con dos amigos. Ella está en proceso de escribir un libro acerca de su vida en Estados Unidos y comentó que mantiene a Yuki con su trabajo como diseñadora independiente de sitios de internet. Con el paso de los años, ha extendido los límites del área que su hijo podía explorar, cuadra por cuadra, de manera independiente y sin supervisión.
"No puedes evitar que un niño crezca", dijo, "y por eso simplemente lo dejo ir".
Muchos de aquellos a quienes Yuki ha conocido en sus viajes no conocen los detalles de su condición. La actitud de Yuki -que se niega felizmente a reconocer diferencia alguna entre él y los demás- es contagiosa. Cuando iba a la preparatoria de Estudios Ambientales, era conocido porque hacía que maestros y estudiantes firmaran peticiones para diversas causas y porque para saludar a la gente no daba un apretón de manos, sino los tocaba delicadamente en el hombro con su cabeza en una especie de abrazo de cabeza. Aunque se graduó en junio, regresa todos los miércoles para ayudar a que los estudiantes reciclen su basura.
e enjte, 14 qershor 2007
Abonohu te:
Posto komente (Atom)
Nuk ka komente:
Posto një koment